“Todos me llamaban loco por casarme con una mujer de 60 años”, pero en nuestra noche de bodas vi una marca en su hombro, escuché “Tengo que decirte la verdad” y comprendí que toda mi vida había sido una mentira.

“Todos me llamaban loco por casarme con una mujer de 60 años”, pero en nuestra noche de bodas vi una marca en su hombro, escuché “Tengo que decirte la verdad” y comprendí que toda mi vida había sido una mentira.

“Todos me llamaban loco por casarme con una mujer de 60 años”, pero en nuestra noche de bodas vi una marca en su hombro, escuché “Tengo que decirte la verdad” y comprendí que toda mi vida había sido una mentira.

“Todos me llamaban loco por casarme con una mujer de 60 años”, pero en nuestra noche de bodas vi una marca en su hombro, escuché “Tengo que decirte la verdad” y comprendí que toda mi vida había sido una mentira.

PARTE 1
“¡Prefieres casarte con una mujer de sesenta años antes que encontrar una chica decente!”

Eso fue lo que mi madre me gritó en medio del patio, delante de mis tíos, los vecinos e incluso del repartidor de gas.

Mi nombre es Efraín, tengo veinte años, mido seis pies y nací en un pequeño rancho de Guanajuato donde todos lo saben todo antes de que siquiera hayas terminado de vivirlo. A mi edad, la mayoría de mis amigos pensaban en motocicletas, cerveza y chicas de su clase. Yo, en cambio, me había convertido en el chismoso favorito del pueblo porque iba a casarme con Doña Celia.