Esperé a que se acomodaran en el banco con sus conos.
Entonces llamé a Evan.
Contestó al cuarto timbrazo. “¿Qué, Savannah?”.
“Han rechazado mi tarjeta”.
Silencio.
Luego: “Vale”.
Agarré el volante. “Y la cuenta conjunta está vacía, Evan”.
“He movido el dinero, Savannah”.
“¿Qué, Savannah?”.
“¿Para qué?”.
“Para construir mi nueva vida”.
“Vaciaste la cuenta con siete hijos en casa y uno en camino. Eres increíble, Evan”.
“Siempre se te ocurren cosas. Volverás a hacerlo”.
“No me digas eso como si fuera un cumplido”.
Suspiró. “Tengo un abogado preparado”.
Me quedé inmóvil. “¿Qué?”.
“Eres increíble, Evan”.
“Está redactando el papeleo del divorcio. Necesito que firmes cuanto antes para que podamos hacerlo oficial”.